Construyen muro de Trump en Desierto de Sonora

Foto: Centro para la Diversidad Biológica
Sección: 
Medio Ambiente

La pesadilla se convirtió en realidad; el muro que Donald Trump prometió en la campaña a la Presidencia de Estados Unidos ya se levanta sobre el imponente Desierto de Sonora, el más grande de Norteamérica y uno de los más megadiversos del mundo, donde existe un frágil equilibrio natural.

Cuadrillas de trabajadores colocan desde el pasado 22 de agosto, paredes de acero con alma de concreto de 9 metros de altura, que en esta etapa abarcarán 3.2 kilómetro de frontera, donde colindan Lukeville, Arizona y Sonoyta, Sonora.

Se trata de los primeros tramos que se construyen con los fondos militares que obtuvo Trump tras declarar emergencia nacional el pasado 16 de febrero, por una “invasión” de migrantes ilegales.

Justo en este punto, donde avanzan rápidamente los trabajos, conviven dos reservas naturales: el Organ Pipe Cactus National Monument, de lado de Estados Unidos y la Reserva de la Biosfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar, en México, inscrita en 2013 en la Lista del Patrimonio Mundial por la UNESCO, donde hay más de mil especies de flora y fauna, así como impresionantes paisaje con volcanes dormidos, ríos de lava y dunas de arena cambiantes.

Hasta ahora, el Desierto de Sonora sólo era dividido por vallas estilo Normandia de la Segunda Guerra Mundial, construidas con rieles de ferrocarril en forma de X, para evitar el paso de vehículos, pero que permitían que la vida fluyera entre México y Estados Unidos.

Al respecto, Laiken Jordahl, campañista del Centro para la Diversidad Biológica en Arizona advirtió que la construcción del muro en este sitio será una verdadera tragedia ambiental.

“Este muro aquí va a interrumpir migraciones naturales de muchos animales, incluidos algunos que están en peligro de extinción como el jaguar y el berrendo sonorense”, lamentó.

El muro de Donald Trump también agrandará la cicatriz que divide a la tribu Tohono O’Odham (La Gente del Desierto), que vive en ambos lados de la frontera con paso libre, y sus sitios sagrados como el volcán El Pinacate y la Salina Grande, a donde acuden los jóvenes al cumplir su mayoría de edad, en una peregrinación en la que recorren 450 kilómetros, desde el sur de Arizona hasta el noroeste de Sonora.

El monstruo de acero y concreto condenará a morir de sed a los animales que se queden en territorio mexicano, porque el oasis de Quitobaquito, único en la zona, quedará confinado en Estados Unidos.

De acuerdo al Registro Nacional de Lugares Históricos de la Unión Americana, Quitobaquito no es nada más un recurso natural único, también tiene una historia cultural profunda. 

Los arqueólogos descubrieron que las personas vivieron o pasaron por ese ojo de agua durante más de ocho mil años. El sitio era una parada esencial para los indios que viajaban entre el Golfo de California y el interior de los Estados Unidos llevando artículos comerciales como conchas y sal.

El ambientalista Laiken Jordahl indicó que una situación que también genera gran preocupación es que los trabajadores que levantan el muro están cavando pozos para sacar agua y podrían acabar con la poca reserva que hay en el subsuelo.

“El gobierno está usando mucha agua del subsuelo para mezclar el concreto para el muro, y esto podría dejar sin agua a la flora y la fauna de la región, todos sabemos que el agua es vida, especialmente en el desierto, y estas acciones irresponsables pueden causar daños por muchos, muchos años”, manifestó.

El proyecto del muro en el Desierto de Sonora incluye la construcción de carreteras, la instalación de reflectores de luz y otras tecnologías para detectar tráfico de drogas y de personas.

(Ernesto Méndez)

Añadir nuevo comentario

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.